Para hacerse una idea de los ingredientes que constituyen nuestra sociedad contemporánea occidental no es necesario moverse de casa. Basta asomarse a la ventana para toparse con un inquietante panorama habitado por religiones y superstición, despilfarro consumista, violencia a flor de piel, sustancias modificadoras de la conciencia, trastornos mentales, problemas de convivencia con emigrantes o música bakalao a un volumen atronador.